Llamadme Montaigne

Hay un nombre por el que soy conocido
(yo que no quiero nombre)
por él me llaman mis Hermanos,
hay un nombre que me saca del mundo
para seguir trabajando en él,
hay un nombre por el que me conocen y en el que me reconozco,
y con el que me visto como persona,
me enguanta, me ciñe y me cubre,
me viste y aclama mi progreso,
me pone frente al espejo
un yo mismo que desconozco
para hacerle progresar.

Yo, que no tengo nombre,
quiero que me llaméis
por ese que no aparece en los formularios,
ni en los carnets,
llamadme por el nombre que elijo,
llamadme por el nombre que me desnuda
y no me oculta,
yo, que no soy nadie, y soy en mi, todos los hombres.
Yo, que elegí morir, para vivir de nuevo de otro modo,
yo, que no era nada y casi sigo sin serlo,
que escribo deprisa, con lágrimas en los ojos, sobre esta libreta
palabras para que no se me olviden,
porque se vive en las palabras
como se vive en el recuerdo de los otros,
elijo esta palabra, para vivir entre vosotros,
yo, que no se muy bien quien soy,
elijo, de entre todos, este nombre;
llamadme Montaigne…
para llamarme al trabajo,
cuando sostenga en mis manos las vuestras,
cuando los abrazos nos reúnan y
las miradas digan más que las palabras,
y siempre,
llamadme Montaigne.·.